Johnny Depp se trazó un objetivo: hacer de Jack Sparrow un personaje inolvidable. Y vaya si lo consiguió, se salió con la suya. Depp no quería que su corsario se pegara a los clásicos piratas de las películas hollywoodenses: ni épicos heroes, ni villanos irredimibles. En su lugar prefería que tuviera una cierta cuota de humor y ternura que lo acercara a los personajes inolvidables de Disney. Claro, todo bien con la ternura, pero tratandose de Depp, tampoco iba a ser Bambi. Por eso, inspirado en Keith Richards, convirtió al capitán Sparrow en un rocker ácido, irónico y ambiguo, aunque colocado en un barco pirata del siglo XVIII.
El código moral del capitán está hecho (aparentemente) de una sola norma: su satisfacción personal. Sin embargo Depp se las arregla para que el tipo nos simpatice de todas maneras, y eso -los chicos son los primeros en darse cuenta- se debe a que, en el fondo, nuestro capitán tiene un buen corazón. Y por estas tierras, ni hablar: calamos al personaje como pocos porque, aunque navegue por los mares del Caribe, Jack Sparrow tiene todo el peligroso encanto del chanta Argentino.
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